Declaración del Congreso Ministerial Internacional
A continuación encontrará las principales doctrinas que sostiene la Iglesia de Dios a nivel internacional. Estas declaraciones son aceptadas íntegramente en la Iglesia de Dios en Guatemala en virtud de que somos miembros fundadores del Congreso Ministerial Internacional. Además de estas declaraciones, en el área de descargas de nuestra página, encontrará también el fundamento doctrinal de la Iglesia de Dios en Guatemala, el cual consta de 38 artículos de fe, que aunque no son todos, desarrollan las principales creencias doctrinales de la Iglesia de Dios. La Iglesia de Dios cree que hay una marcada diferencia entre lo que la Biblia enseña y lo que se enseña como verdad de las Escrituras por las distintas organizaciones religiosas que existen; y puesto que la verdad escritural hace a los hombres libres (Juan 8:32) incumbe a cada individio estudiarla cuidadosamente, hasta hallarla y ser aprobado delante de Dios (2 Timoteo 2:15).
DECLARACIÓN DE FE DEL CONGRESO MINISTERIAL INTERNACIONAL DE LA IGLESIA DE DIOS
a) LAS SAGRADAS ESCRITURAS: Creemos que las Escrituras contenidas dentro del Antiguo y Nuevo Testamentos, son inspiradas por Dios, infalibles en la escritura original, y son la única norma infalible por la cual se determina la conducta humana, las creencias y prácticas religiosas.
b) DIOS, EL PADRE: Creemos en un solo Dios, en el Espíritu Santo, el Creador, Protector, y Soberano del universo, siendo infinito en sabiduría, en supremacía y en el amor. Por su propia iniciativa Dios ofrece la salvación a todos y es digno de nuestro amor, reverencia y obediencia.
c) JESUS, EL HIJO: Creemos en Jesús, el Mesías y Salvador, Hijo único engendrado del Padre, concebido por el Espíritu Santo, y nacido de una virgen. Afirmamos su preexistencia, encarnación, vida sin pecado, muerto para expiación de nuestras culpas, sepultado por tres días y tres noches, resucitado y ascendido al cielo en forma corporal, su misión es de Mediador y Sumo Sacerdote y su retorno personal, visible, inminente y premilenial para regir la tierra como Juez y Rey.
d) EL ESPIRITU SANTO: Creemos en el Espíritu Santo como la manifestación y fuerza que procede del Padre y del Hijo para convertir, santificar, enseñar, dirigir y proteger a todos los creyentes. La obediencia a Dios y el “fruto de su Espíritu” son evidencia de la existencia del Espíritu Santo en la vida del creyente.
e) EL HOMBRE Y EL PECADO: Creemos que el hombre fue creado sin pecado a imagen de Dios. A través de la desobediencia de Adán, el hombre se convirtió en pecador por naturaleza y por voluntad propia y de ese modo contrajo un castigo por el pecado, la muerte física y si no tiene una condición de salvación, finalmente la muerte eterna (aniquilación).
f) EL HOMBRE Y LA MUERTE: Creemos que la muerte física es un estado de inconsciencia para todas las personas, buenas y malas, un estado que permanecerá sin cambio hasta su resurrección. Los buenos recibirán la vida eterna y los malos sufrirán la aniquilación.
g) EL HOMBRE Y LA SALVACION: Creemos que el hombre se salva de la muerte eterna (aniquilación) únicamente por la gracia de Dios a través de la fe, separada de los méritos humanos, las obras o ceremonias. La muerte de Cristo nos fue dada en pago de nuestros pecados y se ofrece a todos los que quieran aceptarla.
h) LA IGLESIA: Creemos en la Iglesia de Dios, la cual consiste en los creyentes bautizados que tienen la fe de Jesús y guardan los mandamientos de Dios, que es de origen divino bajo el Señorío de Cristo y existe universal y localmente para la predicación del evangelio, para la consolidación y la dignidad de los creyentes y para el servicio de la raza humana.
i) ORDENANZAS DE LA IGLESIA: Creemos que Cristo prescribió dos ordenanzas para la Iglesia que confirman la fe en Él. 1) El bautismo por la inmersión simboliza la muerte del creyente al pecado y el nuevo nacimiento en Cristo. 2) La Cena del Señor en conmemoración de la muerte de Cristo, celebrada anualmente, simboliza la unión continua del creyente con el Salvador. El lavatorio de los pies, como un acto de humildad acompaña la Cena del Señor.
j) LOS DIEZ MANDAMIENTOS: Creemos en los diez mandamientos, incluyendo el sábado como el séptimo día verdadero, existiendo desde la creación e incluyendo las dos alianzas, la vieja y la nueva, constituyendo el código básico de comportamiento para toda la humanidad. Los cuales deben ser observados hoy, como una expresión del amor a Dios y a nuestros semejantes (prójimo).
k) VIDA CRISTIANA: Creemos como cristianos y en armonía con nuestra confesión de la fe en Cristo, que somos llamados a una vida santa y devota en pensamiento, palabra y obra. Esto se ejemplifica en la interacción de unos con otros, comenzando en el hogar que Dios estableció con la institución del matrimonio, y extendiéndose a la Iglesia y a la comunidad. Porque los Cristianos hemos sido redimidos y no para ser redimidos, debemos: 1) Reflejarlo en el cuerpo que es el “templo del Espíritu Santo” al elegir el entretenimiento, vestido, conducta, hábitos personales y dieta la cual incluye comer solamente aquellas comidas designadas por la Biblia como limpias para la alimentación. 2) Responder a las necesidades físicas y espirituales de la humanidad aliviando el sufrimiento, el hambre, la ignorancia, la soledad y el testimonio del evangelio. Por consiguiente, la participación del cristiano en la guerra, es contraria a su llamado humanitario. 3) Servir a Dios en “espíritu y verdad” refrenándose de las prácticas y de las celebraciones religiosas que entremezclan cristianismo con paganismo. 4) Apoyar la misión de la Iglesia con una implicación activa y la administración financiera de los diezmos y las ofrendas. 5) Mantener su relación con Dios través de la oración, el ayuno, el estudio de la Biblia, el culto y la obediencia.
l) LA PROFECIA Y LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO: Creemos que la profecía bíblica identifica ciertos acontecimientos y tendencias religiosas, sociales, y políticas, incluyendo el renacimiento de Israel, que preceden y señalan la venida inminente de Cristo, para establecer su reino en la tierra, culminando en el Reino eterno de Dios. El cumplimiento de la profecía bíblica sirve para fortalecer la fe de la gente de Dios.












